lunes, 9 de febrero de 2015 0 comentarios

Se nos había olvidado



Caen los copos incesantemente y todo se congela y se detiene. También el tiempo. La esencia del café toma la cocina y en el ventanal el calor se hace vaho para hundirse cristal abajo en chorros como lágrimas sin fin. A media mañana, con todo cubierto, se cuela el sol, que clarea las laderas de árboles desnudos y se refleja en el paisaje. La luz es radiante. Todo está intacto, en silencio, y al caminar los pies abren senda en la nieve limpia, como si nada hubiera existido hasta esos pasos. Aparecen los guajes sin escuela haciendo un muñeco de nieve, algún inquieto que espala a la puerta de casa y, lejos pero cerca, se oye el pitido del panadero, que si no sale no vende. “Invierno”, se llama, lo que pasa es que ya se nos había olvidado.

Los periódicos atrasados, apiñados en la esquina de la barra del bar, vuelven a ser actualidad porque el de hoy no llegó. Traen noticias de golferías a dar y tomar, naderías con las que el necesitado de presencia mediática o el vanidoso insoportable cubren el expediente. Imputaciones y juicios cual guillotina de fuego amigo que se enciende como un contador de luz, la catedral que si se cae pues que se caiga, y la infanta queriendo vender el palacete en plena cuesta de enero a precio de rebajas. Cortejos preelectorales por si tocara pactar, encuestas que echan a los leones al alcalde, y algún candidato que se cae porque el mayor de los papones no satisface a los que malean diciendo que no enseña la cara, tal vez por lo del capillo semanasantero. En la sección local el cierre de negocios por el fin de las rentas antiguas, en cartas al director un nostálgico hablando del café con tostada del Bar Cantábrico, pero en la sección nacional PP y PSOE diciendo que la economía se recupera, que adiós crisis, que ya está.

La televisión la vemos en el aparato y por la ventana del bar, traen micrófonos y cámaras, nos graban, nos entrevistan, somos noticia. Hablan y hablamos de la nieve, no para de caer, hay para dar y tomar. Se alterna con las corrupciones por un tubo con las que fluye la indignación entre sorbos de café y orujo. Los parroquianos especulan en bullicio con cuánto se habrá llevado aquel, este o el otro, si la travesura fue en soledad o compañía, y al final la relación causa y efecto discurre que de tanto robar no hay ni para sal, ni para quitanieves. Ni para pensiones, apostilla el último, con la concentración ya disolviéndose como se disolverá la nevada. “La vida misma”, se llama, lo que pasa es que ya se nos había olvidado.
lunes, 2 de febrero de 2015 0 comentarios

Veigadarte



El Camino de Santiago ha sido, es, será, eje ilimitado de la relación de El Bierzo con el mundo, cauce de peregrinos que van a Compostela a venerar santas reliquias y se dejan encantar por góticos y románicos, paisajes de encanto y paisanajes –por desgracia, estos cada vez más mermados– que les salen al paso. Los valles dibujados por arroyos y ríos que entregan sus aguas al Sil han sido desde época de los romanos, que movieron las montañas con la fuerza del agua en busca de oro y trajeron arados utilizados casi dos milenios, una tierra privilegiada por un microclima favorable a los viñedos y la agricultura. Las fértiles tierras de Bergidum son excelentes para la cosecha de manzana reineta, pera conferencia o pimiento, menú que puede complementarse con un buen botillo y un puñado de castañas producto de la tierra. El queso también es, de antiguo, venerado por los griegos, que decían era “un regalo de los dioses”, y los romanos, que extendieron sus técnicas con la leche de cabra, vaca y oveja.

Ambasmestas es un pequeño conjunto de casas levantadas a la vera del Camino de Santiago, justo donde confluyen los ríos Valcarce y Balboa. En una casona que fue antigua fábrica de curtidos de su tatarabuelo, mi amigo Joaquín Villanueva Casado y su familia llevan más de veinte años fabricando quesos. Veigadarte, su sello comercial, elabora unos característicos rulos de queso de cabra recubierto con hierbas de Provenza, pimienta negra, ajo y perejil, membrillo o ceniza. Pese a lo que pueda parecer, pese a ser su base la misma, cada uno es distinto, ya que, como curioso ejemplo, la ceniza baja la acidez del lácteo y lo hace más suave.

La elaboración cuidada y artesanal y la calidad de un producto que nada tiene que envidiar a estereotipos idolatrados, hacen que esta delicatesen sea apreciada incluso allende nuestras fronteras, en Inglaterra, Suecia o Estados Unidos, que disfrutan el resultado de un proceso de elaboración lento hasta el romanticismo, porque hunde sus raíces en esos métodos ancestrales eternos que garantizan el mejor resultado.

Su éxito y la puesta en el mercado de nuevos productos como la tarta de queso con castañas o los yogures de leche de cabra, el carácter de Joaquín –sonriente y generoso, puro paisanaje– y su ilusión, hacen poner la mirada en un Bierzo que con el ocaso de la industria y los sueños de la ciudad del dólar rotos, necesita encontrar en sí mismo, creerse y poner en práctica nuevos yacimientos de riqueza como Veigadarte, una pequeña gran empresa.
lunes, 26 de enero de 2015 0 comentarios

Don Paco Sierra



Hoy hace cien años que murió Francisco Fernández-Blanco de Sierra y Pambley, en su casa de la calle Ferraz de Madrid. Don Paco Sierra, como era conocido, había nacido en 1827 en Villablino y, como tantos en la época, estudió Derecho para no ejercerlo, dedicándose a la política y a administrar su considerable hacienda familiar.

En lo personal, lejos de presupuestas felicidades, tuvo la desdicha de ver morir a casi toda su familia. Huérfano temprano de padre y madre, perdió en cinco años y de forma inesperada a sus dos hermanos, Pedro y Victorina. De las dos hijas de esta, Áurea había muerto en 1876, en el parto de su segundo hijo, que no sobrevivió, y Juana lo haría en 1900. Un año y medio más tarde, la única hija de Juana –llamada Áurea, como su tía–moría a los dieciséis años. En lacónico lamento, don Paco mostraba su triste convicción de estar “sin duda destinado a quedarme solo”.

De la política se desengañó con la derrota que sufrió en 1881, cuando concurría para diputado a Cortes y Manuel Rodríguez –comerciante lacianiego de éxito en Madrid– le ganó la votación ofreciendo convites y “pagar un buen jornal a todos los que le voten”. Desencantado, maceró la idea de crear una escuela en su pueblo, alentado y guiado por los prohombres de la Institución Libre de Enseñanza. Del éxito de esa primera aventura, surgieron otras cuatro en Hospital de Órbigo, Villameca, Moreruela de Tábara y León.

Se ha escrito mucho sobre él, pero paradójicamente se sabe poco o nada, con repetidos tópicos ora pura fantasía, ora pura mentira. Es buen ejemplo la anécdota de su recelo a viajar en automóvil, cuando hay testimonio de su puño y letra sobre sus encargos a Alberto Laurín para fuera a buscarle desde la ciudad a Villablino. Laurín, un apañado francés con taller mecánico abierto en León, fue dueño del primer vehículo matriculado en la provincia, un Darracq que lució la placa LE-1 desde 1902.

Don Paco hacía gala de su sinceridad como virtud y defecto, destacaba por la firmeza de sus ideas y su convencimiento de la filantropía como elemento de justicia social, lejos de intereses de tapadillo y altruismos de disfraz en que resultan las cosas al cabo de un siglo. Cada vez que nombraba un nuevo profesor le hacía llegar sus consejos, entre ellos “procure que los chicos vayan siempre limpios a la escuela, y trátelos con gusto, único medio de que se despierte en ellos el deseo de saber; y aproveche cuantas ocasiones se presenten para inculcarles ideas de honradez y de buenas costumbres…”
lunes, 19 de enero de 2015 0 comentarios

Palada va, palada viene



Si aquella frase no sonara más a Urdangarín que a Gürtel, aquello de “la justicia es igual para todos” con que el rey se descolgó la Nochebuena de 2011, se habría tomado a broma, qué tío, siempre tan campechano. Una humorada a destiempo, si las cifras del paro o los desahucios no fueran (son) demasiado escandalosas para la risa.

Vuelve lo de “la justicia es igual para todos” estos días, con el juicio de la Audiencia Provincial en el que se piden seis años de cárcel para José Luis Martínez Parra y otros tres para Clemades Rodríguez. Al primero, director de la cantera de Catisa, se le imputa un delito continuado contra los recursos naturales. Al segundo, alcalde de Carucedo, prevaricación ambiental. El fiscal dice que ahí está el cráter “con un efecto ante un paraje protegido y monumento natural que obliga incluso a aplicar photoshop para elaborar documentos difusores del paraje”, mientras las administraciones miraron a otro lado, ciegas ante un “impacto paisajístico bestial”.

No pretende uno defender ni al caballo ni al caballito de Troya, ni a los jinetes –tantos– que les frecuentaron o rondaron en su galope. La visita del Papa a Valencia sonaría a música celestial, pero no tanto la aparición de un millón de euros en fajos de billetes de 500 en una caja fuerte, la presunta conspiración para asesinar a un consejero autonómico o los sabotajes a la competencia en época de hormigón y autovía… por ejemplo. Y tantas cosas, porque en la vida de un albañil analfabeto venido a más en la época del haiga cabe de todo, pero los herederos nunca defraudan. Por aquello de no quedarse solo en “hijo de”.

Cuando uno es de Laciana, leer que hacer fuera de la ley un cráter “con un efecto ante un paraje protegido y monumento natural que obliga incluso a aplicar photoshop”, hace dudar si el comentario no se referirá a algo cercano. Ya saben, el subconsciente piensa en lo que más conoce: los cielos abiertos de Feixolín o Fonfría, que ahí están, abandonados por Victorino Alonso y restaurados subsidiariamente por la Junta, con millones y millones de euros de dinero público, sin apenas difusión, no vaya a ser que alguien se escandalice.

Por eso lo de “la justicia es igual para todos” suena a chiste pero no tiene ni pizca de gracia. Dónde están, por ejemplo, quienes han permitido desde las administraciones lo que han hecho estos dos, dónde los que lo hicieron en otras zonas, y dónde los que se lo permitieron también. Palada de escombros va, palada de billetes viene. Y se van de rositas.
lunes, 12 de enero de 2015 0 comentarios

Panegírico con pétalos helados



En el mundillo político de Villablino algún chisposo dice que si un alcalde quiere dejar de serlo solo tiene que hacer una fuente. Le pasó a Manolo Barrero con su emulación fatua de la recordada fuente de La Plaza. La metió en un parque de nuevo cuño y le quedó un quiero y no puedo. Le pasó a Pedro Fernández, cuando mandó hacer una colosal con chorros de agua y luces, y como veía que no llegaba a cortar la cinta, la fue inaugurando varias veces aunque sin terminar, en la campaña de las elecciones que perdió. La dejó sin pagar, por cierto, y al final costaron más intereses y costas judiciales que la propia factura, que no era moco de pavo. Le pasó también a Guillermo Murias, que hizo otra donde los más perspicaces riñeron, como una maldición, que una corporación de IU mancillara el espacio donde estuvo la Cruz de los Caídos. Treinta años y todo tan distinto y tan parecido.

Ana Luisa Durán es más de destruir y demoler que de hacer, pero aún así ha tenido tiempo de concebir su particular pastiche. (Pastiche: “imitación o plagio que consiste en tomar determinados elementos característicos de la obra de un artista y combinarlos, de forma que den la impresión de ser una creación independiente”). Se quedó en mala copia de aquella fuente que los lacianiegos (los de entonces, que ya no somos los mismos) habían dedicado a Sierra Pambley. Treinta años y dos imitaciones para cultivar el mito y deprimirnos con lo real, pero dónde habrán quedado la de verdad y su significado. Del agua mejor no hablar, debe estar estos días helada.

Enero puro témpano, como un jarro de agua fría. No por esperado deja de ser patético el adiós de la peor alcaldesa que ha tenido este pueblo. Una política incapaz, intolerante y vacía, que se va sin hacer una sola obra de utilidad pese a sus despilfarros. Sus hitos en plan barato son su connivencia con Victorino Alonso (ahí están los resultados), el desalojo del público en un pleno a modo tic demócrata, mantener en su puesto a un empleado condenado por abuso sexual, demoler unas escuelas para estirar por interés electoral la mentira del parador, o sumir al ayuntamiento en infinitos pleitos, no pocos con sus empleados, a los que paga tarde o no paga porque con las cuentas ella y los mediocres que la rodean son otra calamidad.

Deja el pueblo desolado, sucio y abandonado. También las fuentes, de las que ni sale agua. Está helada, fría como los pocos pétalos que le quedan a la rosa del PSOE, que han dicho a su verdugo político que nadie la quiere.
 
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